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VULVODINIA
Hay mujeres que viven durante meses, incluso años, con una sensación constante de ardor, escozor o pinchazos en la vulva. Dicen que les quema, que sienten como si les clavaran agujas al mínimo roce. Estas son algunas de las cosas que más expresan nuestras pacientes en consulta:
“Siento como si tuviera una quemadura, pero no hay nada.”
“Me han hecho mil pruebas y dicen que todo está bien, pero a mí me duele.”
“No puedo ponerme unos vaqueros, ni ir en buikini, ni sentarme durante mucho rato sin que el dolor se dispare Me molesta todo.”
“Las relaciones sexuales son imposibles, me duele muchísimo al mínimo contacto.”
“Me siento como si tuviera una herida abierta todo el rato.”
“Nadie me cree, me dicen que es psicológico.”
“Es como si tuviera cristales clavándose en la entrada de la vagina.”
“Hasta el roce de la ropa interior me resulta insoportable.”
“Me duele al lavarme, al orinar, al caminar…”
Este dolor aparece sin una causa clara o empeora con cualquier cosa: lavarse, caminar, intentar una relación sexual. Y cuando por fin te animas a buscar ayuda, la respuesta suele ser desoladora: “todo está bien”, “es psicológico”, “ya se te pasará”, “no tienes nada”. Pero tú sí sabes que algo no va bien. Y nosotras también.
En Intimara vemos cada semana mujeres como tú. Mujeres a las que les duele la vulva sin razón aparente. Que arrastran años de visitas médicas sin diagnóstico, sin alivio y con una sensación creciente de frustración, impotencia y soledad.
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La pacientes describen sus síntomas como un escozor que no cesa, un dolor punzante al mínimo contacto, como si les quemara por dentro, como si tuvieran una herida abierta que nadie ve. Dicen que es como si llevaran cristales clavados en la piel, como si la zona estuviera en carne viva.
La mayoría lo sienten en la horquilla vulvar, justo en la entrada de la vagina. Otras lo localizan en los labios menores, en el vestíbulo o incluso en todo el contorno de la vulva. Algunas sienten la zona tan sensible que no toleran ni el agua al ducharse o el roce de la ropa interior.
La vulvodinia no solo afecta a tu cuerpo, sino que también tiene un impacto emocional, mental y en tu estilo de vida. Afecta a cómo te vistes, a cómo caminas, a cómo te relacionas, a cómo te sientes contigo misma. Muchas mujeres nos dicen que han dejado de reconocerse, que viven con miedo al dolor, con vergüenza, con la sensación de que su cuerpo les ha fallado. Es una condición que va minando poco a poco la autoestima, el deseo, la alegría.
Lo más duro es el aislamiento. Porque si nadie entiende lo que te pasa, es fácil empezar a pensar que el problema eres tú. Pero no lo eres. No estás exagerando ni tienes por qué seguir viviendo así.
La vulvodinia es una disfunción neurológica y no una lesión evidente. Lo que tienes tiene nombre. Y tiene tratamiento.
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Un camino largo de diagnósticos incorrectos
Antes de llegar a nosotras, la mayoría de mujeres con vulvodinia ha pasado por un verdadero peregrinaje médico. Les han dicho que tienen infecciones, hongos, alergias, sequedad… y han probado tratamientos que no solo no funcionaban, sino que, en algunos casos, empeoraban sus síntomas.
Los diagnósticos incorrectos más frecuentes incluyen:
Ansiedad o somatización, como forma de descartar lo que no se entiende.
Muchas de ellas han recibido tratamientos antifúngicos o antibióticos durante meses sin ninguna mejora. Algunas han sido derivadas a salud mental sin una valoración física adecuada. Y casi todas han tenido la sensación de que no las escuchaban o de que su dolor no se tomaba en serio. Pero el dolor es real y tiene explicación.
En Intimara no partimos de etiquetas genéricas. Partimos de ti y te ayudamos a entender qué te pasa, por qué ocurre y qué opciones tienes para recuperar tu bienestar.
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EL dolor vulvar persistente y sin causa visible que con frecuencia se confunde con infecciones o irritaciones comunes.
La vulvodinia es un dolor crónico en la vulva que no se debe a una infección, ni a una herida, ni a una causa visible. Es como si el sistema nervioso periférico de esa zona estuviera “hiperactivado” y enviara señales de dolor sin que haya un daño real.
Podríamos decir que los nervios se han quedado atrapados en un estado de alerta constante. Y por eso, algo tan simple como el roce de la ropa interior, lavarse o intentar tener relaciones sexuales puede volverse insoportable.
Imagina que tu piel estuviera siempre quemada, aunque no lo parezca por fuera. Eso es lo que sienten muchas mujeres con vulvodinia: un dolor invisible, persistente y muy invalidante. No se ve. No deja marcas. Pero cambia por completo tu forma de estar en tu cuerpo.
Se estima que entre un 8 y un 16 % de las mujeres la padecen en algún momento de su vida, aunque muchas no reciben el diagnóstico adecuado. Puede aparecer a cualquier edad, pero es más habitual en mujeres jóvenes, sobre todo entre los 20 y los 40 años. Aun así, también la vemos en adolescentes (especialmente tras iniciar las relaciones sexuales) y en mujeres mayores, sobre todo en contextos de sequedad o atrofia vulvovaginal.
Lo que tienen en común es que, con demasiada frecuencia, nadie las ha sabido escuchar. Y eso prolonga su malestar durante años. En Intimara queremos cambiar eso. Queremos que sepas qué te pasa, por qué te pasa y qué podemos hacer para ayudarte.
Qué tipos de vulvodinia existen y en qué se diferencian
No todas las vulvodinias son iguales ya que cambian según dónde duele y cuándo duele. Conocer el tipo es clave para elegir el tratamiento más adecuado.
Según la localización del dolor:
Según el desencadenante:
Casos mixtos:
También hay casos mixtos, donde el dolor es localizado y provocado, pero con brotes espontáneos más intensos. Y casos en que el dolor comenzó siendo puntual y se ha ido extendiendo o cronificando.
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Por qué aparece la vulvodinia
No siempre hay una causa única. De hecho, en muchos casos la vulvodinia surge por la combinación de varios factores que, poco a poco, hacen que la zona vulvar se vuelva extremadamente sensible. Es como si el sistema nervioso quedara atrapado en un estado de alerta constante, y empezara a enviar señales de dolor sin que haya una lesión real.
Estos son los factores más habituales que pueden contribuir a su aparición:
Factores neurológicos
Factores musculares
Factores hormonales
Factores inflamatorios
Factores emocionales o traumáticos
Cada mujer es distinta, y cada caso requiere una mirada completa. En Intimara exploramos todas estas dimensiones para poder entender qué está manteniendo tu dolor y cómo ayudarte a recuperar tu bienestar.
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La vulvodinia no se resuelve con una única receta. Por eso en Intimara apostamos por un abordaje multidisciplinar, integrativo y completamente personalizado. En función de tu caso concreto, combinamos diferentes especialidades:
No todas necesitan todo. Pero todas necesitan un equipo que las vea enteras. Que entienda que el dolor físico no es solo físico. Que el síntoma está en el cuerpo, pero el impacto llega a toda la vida. Y que cada mujer merece una respuesta a su medida.
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TRATAMIENTOS
Uno de los grandes avances en el tratamiento de la vulvodinia ha sido la incorporación de técnicas regenerativas que permiten reparar, desinflamar y desensibilizar los tejidos sin necesidad de fármacos agresivos ni intervenciones invasivas.
En Intimara usamos tres tipos principales de tratamientos regenerativos, que aplicamos en función de cada caso:
El láser estimula la producción de colágeno, mejora la vascularización, restaura el grosor y la elasticidad de la mucosa y reduce la inflamación.
En los casos de vulvodinia, lo usamos especialmente en la zona vestibular, donde el tejido está adelgazado, hipersensible o irritado.
Efecto: regeneración del tejido, disminución del ardor y mejora progresiva del confort al contacto.
El PRP se obtiene de tu propia sangre y contiene factores de crecimiento que tienen un potente efecto antiinflamatorio, analgésico y reparador. Inyectamos el plasma en los puntos dolorosos de la vulva para calmar los nervios periféricos y facilitar la recuperación del tejido.
Efecto: reducción del dolor, mejora de la sensibilidad y regeneración nerviosa.
En algunos casos, sobre todo cuando hay una pérdida de tejido por atrofia o daño crónico, utilizamos una pequeña cantidad de grasa propia para amortiguar y proteger la zona.
La grasa actúa como cojín, disminuye la presión sobre los nervios y, al contener unas células que tienen la capacidad de regenerar, también tiene un efecto regenerativo.
Efecto: alivio del dolor por compresión, aumento de confort y mejora de la respuesta al tacto.
Estos tratamientos pueden aplicarse por separado o en combinación, y siempre van acompañados de un seguimiento clínico cercano y personalizado. No es magia. Es medicina regenerativa aplicada con criterio, en el momento adecuado y en las manos de un equipo especializado.
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Qué mejoras suelen notar las pacientes con nuestro tratamiento de la vulvodinia
Cada mujer es distinta y cada cuerpo tiene su ritmo pero hay algo que sí podemos decir con seguridad: cuando el tratamiento es el adecuado, el cambio se nota.
En Intimara trabajamos con tratamientos que actúan sobre distintas capas del problema (tejido, nervio, músculo, emoción), y eso permite que muchas pacientes empiecen a notar alivio real en los primeros meses.
¿Qué mejoras suelen notar?
¿En qué plazo?
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No. Aunque pueden coexistir, no son lo mismo.
En muchos casos, sí puede resolverse. Cuando el abordaje es adecuado y se trata de forma integral, muchas mujeres logran una recuperación completa. En otros casos más complejos, la vulvodinia puede convertirse en una condición crónica, pero sus síntomas pueden mejorar significativamente, permitiendo recuperar calidad de vida, placer y funcionalidad. El objetivo siempre es el mismo: que vuelvas a vivir tu cuerpo sin dolor.
Depende del momento del proceso y de la intensidad del dolor. Durante los brotes o fases más activas, las relaciones pueden ser muy molestas o incluso imposibles. Pero con tratamiento, fisioterapia y acompañamiento psicológico, muchas mujeres recuperan una vida sexual placentera, conectada y sin miedo. Nunca forzamos este paso: lo acompañamos cuando tu cuerpo esté listo.
Son herramientas muy eficaces, pero no funcionan igual en todos los casos ni garantizan una “cura mágica”. Lo que sí hacen es regenerar el tejido, calmar la inflamación y reducir la hipersensibilidad, lo que puede traducirse en una mejora muy significativa del dolor. Cuando se combinan con fisioterapia y psicoterapia, los resultados suelen ser más duraderos.
La experiencia clínica nos dice que la vulvodinia no suele mejorar sola. De hecho, con el tiempo puede cronificarse, extenderse a otras zonas, generar más tensión muscular o afectar a la autoestima y al deseo. Cuanto antes se inicie un tratamiento adecuado, más rápido y estable es el alivio.
No. En Intimara centralizamos todo el proceso. Nuestro equipo multidisciplinar trabaja coordinado para que no tengas que explicar tu historia una y otra vez ni saltar de consulta en consulta. Aquí te escuchamos, te entendemos y te tratamos de forma integral.
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DRA. MAITE FERNÁNDEZ
GINECOLOGÍA
No. En cuanto a la capacidad orgásmica, no solo no se pierde sensibilidad, sino que muchas mujeres experimentan una mejora en su respuesta sexual. No porque modifiquemos estructuras internas tregarte sin incomodidad.
Y esto es solo una parte
Tenemos muchos más tratamientos con los que podemos ayudarte.
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