La escena que nunca cuentas en voz alta
Estás en clase de yoga. Cambias de postura, abres las piernas, subes la pelvis… y entonces aparece ese sonido. Ese “pop” inesperado (¡un pedo vaginal!) que no puedes controlar y que te atraviesa de vergüenza mientras miras al suelo fingiendo que no ha pasado nada. O estás en la cama con tu pareja, todo fluye, pero en cierto punto él se detiene, se recoloca y te dice en voz baja: “¿Podemos cambiar de postura? Así siento menos.” O vas caminando, notas que el tampón baja, como si ya no lo sujetara nada.
Son escenas que nunca cuentas. Las tragas, las justificas, las normalizas. Te repites internamente que “será después del parto”, que “a lo mejor son hormonas”, que “no es para tanto”. Pero por dentro sabes que sí es para tanto. Sabes que algo cambió y que ese cambio te está robando placer, seguridad y conexión contigo misma.
Si te has visto aquí, que sepas que no eres la única. Y, sobre todo, que esto tiene un nombre: hiperlaxitud vaginal, también conocida como vagina grande, vagina ancha o relajación vaginal. Y tiene solución.
Lo que te dicen vs. lo que tú sientes
Lo que te dicen:
- “Es normal después de los partos.”
- “Con la edad pasa.”
- “No le des importancia.”
- “Es psicológico.”
Lo que tú sientes:
- Que hay menos fricción.
- Que tu pareja “no siente igual” y tú tampoco.
- Que has perdido parte de tu placer, de tu intensidad.
- Que tu cuerpo responde distinto.
- Que hay un vacío interno difícil de describir, como si tu vagina hubiera dejado de “sujetar”.
- Que te da vergüenza que suenen pedos vaginales al moverte.
- Que te sientes insegura usando tampones o la copa menstrual.
Y entre lo que te dicen y lo que realmente vives, te acabas preguntando si estás exagerando, si eres la única, si deberías simplemente aceptarlo.
No. No estás exagerando. Y sí: lo que sientes es real.
Por qué hablar de hiperlaxitud vaginal no es frivolidad
A muchas mujeres les cuesta pedir ayuda porque sienten que “no deberían preocuparse por eso”, como si hablar de una vagina grande fuera algo superficial o vanidoso. Pero la hiperlaxitud vaginal no es un asunto estético: es algo que toca de lleno tu salud sexual, tu capacidad de sentir placer, tu respuesta orgásmica, tu autoestima, tu seguridad en la relación y la forma en la que habitas tu propio cuerpo.
Cuando el canal vaginal pierde tensión (ya sea por partos, cambios hormonales, predisposición o incluso sin una causa clara) cambia también la manera en la que recibes placer, la conexión que puedes establecer con tu pareja, la percepción que tienes de tu propio cuerpo, el deseo que sientes y la seguridad con la que te mueves en la intimidad o incluso en actividades cotidianas como el deporte o el uso de tampones.
No es banal ni frívolo. Es calidad de vida.
Señales de alerta de una hiperlaxitud vaginal que va más allá de lo “normal”
A veces la hiperlaxitud vaginal aparece de forma sutil; otras, de golpe. Estas son las señales más frecuentes de que lo que te pasa no es imaginario, sino una relajación vaginal real:
- Pérdida de fricción y de placer durante la penetración.
- Tu pareja tiene dificultad para mantener la excitación o llegar al orgasmo.
- Ventosidades vaginales (pedos vaginales) al moverte, hacer deporte o levantarte.
- Los tampones o la copa menstrual se mueven o se caen.
- Sensación de vacío o poco sostén en la zona vaginal.
Si te reconoces en estas señales, no es casualidad. Es anatomía, y tiene nombre: hiperlaxitud vaginal.
Opciones de tratamiento: de menos a más invasivo
La buena noticia: existen soluciones reales para la vagina ancha y para la pérdida de fricción. No todas implican cirugía, y muchas se adaptan a tu grado de laxitud, tu historia y tu objetivo.
Vaginoplastia
La opción más definitiva cuando la laxitud es severa. La vaginoplastia restaura la tensión del canal vaginal, mejora la fricción y reestructura la musculatura dañada. Es una solución quirúrgica con resultados muy significativos cuando lo regenerativo ya no es suficiente.
Aquí puedes leer toda la información sobre nuestra cirugía de vaginoplastia.
Láser de CO₂
Uno de los tratamientos más eficaces para estimular colágeno, mejorar la elasticidad y aumentar la fricción sin cirugía. Ideal para hiperlaxitud leve o moderada. El láser de CO2 es una de las técnicas regenerativas que usamos en nuestros tratamientos para la hiperlaxitud vaginal
Silla de electromagnetismo
Fortalece profundamente la musculatura del suelo pélvico, mejorando el tono interno y la sensación de sostén. La silla de electromagnetismo es perfecta como complemento o primera línea de tratamiento.
Otros tratamientos regenerativos
Incluyen bioestimulación, infiltraciones y técnicas de regeneración tisular para mejorar el tono vaginal y potenciar la respuesta sexual. Son opciones sin cicatrices y con recuperación rápida.
¿Tienes miedo a quedar peor después de una cirugía como la vaginoplastia?
Es un temor muy común. Muchas mujeres llegan diciendo: “¿Y si pierdo sensibilidad?”, “¿Y si luego no disfruto igual?”, “¿Y si mi pareja nota algo raro?”.
Pero lo que suele haber debajo no es miedo a la cirugía, sino miedo a reconocer que tu vida sexual no está como antes, que la relación se está enfriando por algo de lo que no se habla, o que te sientes culpable por desear más placer y mejor sexo.
En Intimara somos muy claros: si no es momento de operar, te lo diremos. La vaginoplastia no es para todas, ni en todos los momentos. Pero cuando está indicada, no solo no empeora la sensibilidad: muchas mujeres refieren más respuesta, más intensidad y más conexión que antes.
Mejoras después del tratamiento de hiperlaxitud vaginal
Después de tratar la hiperlaxitud vaginal, muchas mujeres describen una sensación de recuperar algo que creían perdido. No se trata solo de mejorar el tono interno, sino de volver a sentir el cuerpo respondiendo, la intimidad fluyendo sin vergüenza y el placer llegando con más naturalidad. Las mujeres que tratan la hiperlaxitud vaginal suelen describir:
- Más fricción y más placer.
- Menos pedos vaginales.
- Más seguridad en pareja.
- Mayor facilidad para llegar al orgasmo.
- Un “volver a sentir” que creían perdido.
Y aquí siempre somos honestos: hay casos donde decimos “todavía no es momento de operar” y empezamos por opciones regenerativas. La clave es una evaluación precisa y un plan que respete tu cuerpo y tus tiempos.
Si te reconoces en todo esto, este puede ser tu siguiente paso
No tienes que seguir viviendo con menos placer del que mereces. No tienes que normalizar lo que te incomoda, te avergüenza o te desconecta de tu cuerpo. La hiperlaxitud vaginal tiene solución, y estás a un paso de descubrir cuál es la tuya.
Pídenos una valoración honesta y personalizada. Aquí tienes más información sobre nuestros tratamientos para la hiperlaxitud vaginal.
Da el paso y reserva tu cita con nuestro equipo.







