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labios mayores
INTIMARA BY DRA. MAITE FERNÁNDEZ

Cuando tus labios mayores cambian

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Hay partes del cuerpo de las que apenas se habla, incluso entre mujeres. La vulva, por ejemplo, sigue siendo un territorio del silencio, y dentro de ella los labios mayores son, irónicamente, los grandes invisibles. Están ahí, cumplen una función importante, pero rara vez se nombran, se observan o se entienden. Hasta que algo cambia.

Porque un día, a veces después de un parto, otras con los años o sin razón aparente, una mujer se mira al espejo y percibe que su vulva ya no se ve igual. Que los labios mayores parecen distintos: más caídos, más vacíos, más prominentes o asimétricos. Que algo en la textura o la forma ha cambiado y ya no encaja con el recuerdo que tenía de su cuerpo. Y entonces llega una sensación difícil de explicar, mezcla de extrañeza, incomodidad y pudor.

Los labios mayores, esas estructuras externas que recubren, protegen y dan forma a la vulva, están formados por piel, tejido graso y fibras de colágeno. Son una parte viva y dinámica del cuerpo, y como tal, cambian con el tiempo. Durante el embarazo, pueden aumentar de volumen porque acumulan grasa como forma de protección; después del parto, esa grasa tiende a reducirse y la piel pierde firmeza. 

Con la edad, la producción de colágeno disminuye y los tejidos se vuelven más laxos. En otras ocasiones, el problema es el contrario: una acumulación de grasa excesiva provoca unos labios demasiado grandes o abultados, incluso en mujeres delgadas. También los cambios bruscos de peso, las fluctuaciones hormonales o la depilación reiterada con cera pueden alterar el tono y la estructura de la piel, dejando la zona más flácida, más colgante o desdibujada.

Más allá del cambio físico, lo que muchas mujeres viven es una sensación de desconcierto. Nadie les había contado que esto podía pasar. No hay información, no hay lenguaje, no hay referencias reales de cómo es una vulva diversa y cambiante. Por eso, cuando los labios mayores se transforman, muchas lo interpretan como algo “raro”, “anormal” o incluso vergonzoso. Algunas sienten que su cuerpo envejece antes que ellas. Otras, que ha perdido atractivo. Otras simplemente dejan de mirarse, como si ignorar esa parte del cuerpo fuera la única forma de sobrellevar la incomodidad.

Pero lo que cambia no es solo la forma: también cambia la sensación. Los labios mayores cumplen una función protectora. Cuando se vacían o pierden volumen, la entrada de la vagina queda más expuesta, y eso puede provocar sequedad, irritación, sensación de escozor o incluso más propensión a infecciones. Cuando, por el contrario, son demasiado grandes o colgantes, pueden causar roce, molestias al caminar, incomodidad con la ropa interior o con el deporte. Es frecuente que las mujeres con hipertrofia de labios mayores se sientan incómodas con leggins, bikinis o prendas ajustadas, o que experimenten vergüenza ante la mirada de una pareja.

En ambos extremos, ya sea por exceso o por pérdida, hay un impacto emocional profundo. Porque el cuerpo cambia, pero la imagen que tenemos de nosotras mismas tarda en adaptarse. Muchas mujeres se sienten divididas entre el discurso racional (“esto es normal, forma parte del envejecimiento”) y el malestar físico o emocional que les recuerda cada día que no se sienten bien en su cuerpo. En esa contradicción surgen la culpa y la vergüenza: “debería aceptarme”, “me siento frívola por pensar en esto”, “¿cómo voy a hablarle a alguien de mis labios mayores?”.

Y sin embargo, no hay nada superficial en querer sentirse cómoda y segura en la propia piel. Los labios mayores no son un detalle estético: son parte del bienestar íntimo, de la sexualidad, del deseo, de la relación con una misma. Cuando cambian, lo que se altera no es solo la anatomía, sino también la relación con el cuerpo, con el placer y con la identidad.

En la consulta, escuchamos historias parecidas una y otra vez. Mujeres que describen la sensación de vacío, de flacidez o de exceso; que sienten que su vulva ya no se parece a la que conocían; que evitan ciertas posturas, ciertas prendas o incluso la intimidad por miedo a sentirse juzgadas o diferentes. Mujeres que conviven con la molestia diaria de un roce, un picor o una inseguridad persistente. Lo que más duele, casi siempre, no es el síntoma físico, sino la soledad. La sensación de que nadie lo nombra, de que no hay un espacio donde hablar sin pudor.

Pero todo esto tiene explicación, y también tiene solución. Hoy sabemos que los labios mayores pueden tratarse con técnicas seguras y personalizadas: procedimientos que permiten recuperar volumen cuando hay atrofia, tensar la piel cuando hay flacidez o reducir el exceso cuando hay hipertrofia. 

En Intimara trabajamos con tratamientos que van desde la radiofrecuencia regenerativa hasta el lipofilling con grasa propia o el lifting quirúrgico, siempre desde una mirada integrativa y respetuosa con la anatomía de cada mujer.

Más allá de la técnica, lo importante es el sentido de todo esto: no se trata de perseguir una estética ideal, sino de recuperar bienestar. De volver a sentir el cuerpo como un lugar seguro y habitado. De reconciliarte con una parte de ti que quizá habías aprendido a ignorar.

Porque hablar de tus labios mayores no es un acto de vanidad: es un acto de cuidado. Significa reconocer que la incomodidad no es algo que haya que aguantar en silencio, que el malestar íntimo también importa, y que querer sentirte bien contigo misma no te hace frívola, sino valiente.

En Intimara acompañamos a las mujeres que atraviesan este proceso con la misma delicadeza con la que se aborda lo que nunca se nombra: escuchando sin juicios, explicando con claridad y ofreciendo soluciones reales. Porque el cuerpo cambia, sí. Pero tú no tienes por qué quedarte atrás.

Aquí tienes más información sobre la armonización de labios mayores. 

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